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19/11/09

ENTENDIENDO A GOULET


“ÉTICA DEL DESARROLLO” DE DENIS GOULET


AUTORA: ROMY JIMENA DURÁN SANDOVAL



ASIGNATURA: “DESARROLLO Y ÉTICA”


PREGUNTAS Y RESPUESTAS

1.- ¿Qué estrategias éticas para el desarrollo propone Goulet?

Las cuatro propuestas éticas que se describen en el libro “Ética del Desarrollo” están orientadas en su fondo hacia la humanización del proceso, refiriéndose también a la importancia de la espiritualidad de cada ser humano en la búsqueda de una vida digna.

Señala como primera estrategia el uso de tecnología adecuada acompañada de una selección de diferentes series de tecnologías, destinadas a cumplir los objetivos del desarrollo en sus condiciones específicas y previamente determinadas. Goulet promueve este tipo de estrategia indicando: “una nación que no quiera experimentar con diferentes escalas y modos tecnológicamente ‘óptimos’ estará expuesta y será totalmente vulnerable a los efectos fuertemente condicionantes que se canalizan a través de las principales tecnologías modernas”.

Otra de las estrategias se refiere a la sabiduría ecológica o medioambiental para la cual, el autor, requiere un marco amplio de síntesis dinámica, una visión filosófica que reconcilie la pretendida oposición entre libertad humana y la integridad de la naturaleza. Aclara que es pertinente un esquema conceptual en el que se relativicen todas las exigencias de los tres valores éticos diferentes: la justicia, la libertad y el respeto por la naturaleza. En la misma segunda estrategia ética, Denis Goulet precisa que el énfasis en la “naturaleza” (en cierto momento percibida como el polo opuesto de la libertad humana) ha logrado situar al “desarrollo y la eliminación de la miseria humana por debajo de la conservación biológica y la reposición de recursos en la jerarquía de valores.”

La tercera estrategia ética se refiere a la cultura y tradición en el desarrollo, y se pregunta a través de varios ejemplos sobre el futuro de éstas en el transcurso del progreso económico y tecnológico. Luego indica la necesidad de repensar el desarrollo considerando a los valores culturales como “medios” para el mismo, o como ayudas u obstáculos para conseguir los fines definidos por consideraciones externas a éstos. Puntualiza en que es desde el “corazón” de los valores culturales que se deben definir los fines propios del desarrollo y su materialización objetiva, además de insistir en que la auténtica diversidad cultural debe ser reconocida como un valor positivo, de tal forma que los planificadores de desarrollo incorporen en sus decisiones la defensa activa de la misma, así como la existencia y continuidad de “comunidades vivas de cultura” en América Latina.

La cuarta estrategia señala a la ética de la ayuda, como parte de una “igualdad real” entre quienes participan de los objetivos y proyectos de desarrollo. Tras varias argumentaciones sugiere que la prioridad en la transferencia de recursos deben ser el sustento, la dignidad y la libertad en su grado óptimo, porque es una de las exigencias de la dinámica social relacionada con la “exigencia racional de un planteamiento justo y equitativo de distribución de los recursos mundiales”. El autor recalca que el fundamento ético para proveer a las gentes necesitadas de los bienes esenciales no es la “caridad” o la limosna opcional, sino la obligación colectiva de los hombres de asegurar un uso justo de los recursos esenciales, ya sea entre naciones “desarrolladas” o las “menos desarrolladas”, porque ambas deben “practicar la autoconfianza en la reestructuración de sus propios valores, instituciones y comportamientos”.

Asimismo, hace notar la falta de “nuevas sabidurías sobre el desarrollo”, y como parte esencial del desarrollo propone una totalidad de tipo cíclico, en lugar de una totalidad lineal.

Cabe recordar que las estrategias citadas se suman en una visión de tipo cosmocéntrico, para fomentar cada uno de los componentes éticos estratégicos del desarrollo, que se oponen a la visión antropocéntrica del universo después de que el ser humano erró “al definir los contenidos de valor de su desarrollo y libertad”.

Goulet se expresa contrario al fomento de la “abstracción del sujeto”, para que éste más bien sea “más humano”, en lugar de reducir su “ser” a su “tener”.

2.- ¿Según Goulet es sostenible el desarrollo?. Justifique su respuesta

Para Goulet, la sostenibilidad del desarrollo depende de la puesta en práctica de una serie de profundas transformaciones en el orden mundial, hábitos de consumo, modos de utilización de los recursos, aspectos que conforman el conjunto de pruebas difíciles o quizás obstáculos para llegar a consolidarlo con plenitud. No obstante, también señala (en el transcurso de sus propuestas y enunciados) la importancia de que se deben iniciar acciones destinadas a cambiar aquellas aspiraciones del “tener” y “no tener” por compromisos y sacrificios orientados a la sostenibilidad.

Sus apreciaciones, que en lugar de conclusiones cerradas tienen numerosas perspectivas de análisis e interpretación se formulan después de una serie de aclaraciones y puntualizaciones conceptuales con relación a los términos a través de los cuales se habla del desarrollo sostenible y auténtico. El autor de Ética del Desarrollo aclara que su explicación está enfocada desde el punto de vista medio ambiental, por lo que cita diferentes significados de riqueza para arribar a una definición de desarrollo también variada. Señala que para cualquier sociedad “el auténtico desarrollo supone proporcionar sustento vital óptimo, estima y libertad a todos sus miembros.”, además recalca—como en varias partes del libro— que la única forma de desarrollo que se puede considerar auténtica es la que se lleva a cabo con solidaridad, vinculando a todas las personas y comunidades entre sí y también respetando al planeta en el que habitan.

3.- ¿Cuál es su criterio con respecto a los cuatro caminos para el desarrollo que propone Goulet?

Inicialmente, considero que cada uno de esos caminos es contrario e inclusive independiente de otro derrotero propuesto, y sustentados en las orientaciones generales tomadas del economista K. Griffin, porque en su formulación D. Goulet hace notar que no existe un camino único y mejor para alcanzar el desarrollo.

Con ese antecedente, apoyo el criterio de la propuesta de Goulet respecto a que para un desarrollo pleno se debe considerar la redistribución de los beneficios del desarrollo junto al mantenimiento de las tradiciones (ejemplo: el caso de China), en lugar de fomentar y atender —como indica K.Griffin—por separado al crecimiento, a la redistribución, las Necesidades Humanas Básicas (NHB) y al desarrollo a partir de las tradiciones.

Al mismo tiempo, en virtud de los recurrentes enunciados que hace Goulet en su libro, es vital que la obtención del desarrollo tenga un carácter interrelacional y sobre todo humanizante de y entre las propuestas y/o caminos citados.

4.- Luego de la lectura, elabore su propio concepto de “Ética del Desarrollo”:

Ética del Desarrollo es un conjunto de procesos en el que se involucra un proyecto de cambios y transformaciones consecutivas, destinados a alcanzar el bienestar de los seres humanos por los cuales está conformado. Tiene la posibilidad de adecuar e interrelacionar su organización y normativa propios con los de otras sociedades, velando por la protección de los recursos naturales y la permanente distribución equitativa de los medios necesarios para sobrevivir en condiciones adecuadas y modernas, y sin necesariamente recurrir a la fragmentación y explotación de lo existente.

14/9/09

Códigos éticos del periodismo

Códigos éticos del periodismo

La ética de la información y la comunicación que inició el siglo XX con pasos tímidos y aislados, con el desconocimiento y la despreocupación de la sociedad, comienza el siglo XXI convertida en un asunto central más de nuestras sociedades, en un interés común de todos y muy particularmente de muchas organizaciones y colectivos que tienen este tema entre sus prioridades.

Entre los diferentes mecanismos de autorregulación que se pueden poner en marcha en el ámbito de la comunicación social, seguramente los más conocidos son los códigos deontológicos. Es lógico, ya que si la finalidad de la autorregulación es que la actividad de los medios se ajuste a determinadas pautas éticas, lo primero que hay que hacer es precisar dichas pautas; y ésta es la función propia de los códigos.

En castellano se han publicado diversas recopilaciones de códigos aprobados por las principales organizaciones profesionales de periodistas, así como también de códigos internos, libros de estilo y otras disposiciones de autorregulación internas de destacados medios de comunicación.1 Estos son los códigos éticos más conocidos y suelen recoger las obligaciones fundamentales del periodismo.

A principios de 2005 aparecerá publicada una nueva recopilación de códigos que resulta diferente de las anteriores, pues se recogen recomendaciones y pautas propuestas en la última década por diversos colectivos y entidades sociales para mejorar el tratamiento que los medios de comunicación dan a algunos de los grandes retos sociales de la actualidad.2

Esta es sin duda su principal peculiaridad: más que centrarse en las obligaciones genéricas del periodismo, los códigos recogidos en tal recopilación plantean cómo debería ser el tratamiento ético dado en los medios de comunicación a determinados tópicos informativos de la actualidad. Se plantean, pues, recomendaciones éticas para el tratamiento específico de catástrofes y tragedias humanitarias, comunicación para el desarrollo, inmigración y racismo, corresponsales en situaciones de riesgo, terrorismo, información de tribunales, violencia doméstica o discapacidad. Estos códigos son fruto de la labor de muchas personas, entidades y organizaciones, por lo que no sólo varía su contenido o el tema que abordan, sino también su tipología, su propósito, su alcance. No se trata de directrices con validez exclusiva para una organización profesional, un medio o un área geográfica, sino de propuestas abiertas para ir aplicando y perfeccionándolos entre todos.

Historia de los códigos

La historia de los códigos de ética periodística corre en lo fundamental paralela a la del siglo pasado. Es cierto que se pueden encontrar sus antecedentes en algunas de las declaraciones de principios que solían acompañar a la presentación de los primeros números de periódicos y revistas. Pero para hablar propiamente de códigos éticos del periodismo hay que esperar a principios del siglo XX cuando se aprobaron los primeros documentos de ese tipo en Estados Unidos y algunos países de Europa.
3 En este primer momento, los códigos apenas representaron un fenómeno aislado y minoritario; primero, por su escaso número, pero sobre todo por ser desconocidos incluso para la mayoría de las personas relacionadas con los medios, por no hablar ya del público en general.

El impacto de la Segunda Guerra Mundial marcó un cambio fundamental en la atención al fenómeno de la información y la comunicación. No sólo se tomó conciencia de su importancia social y política sino que se reconoció también su específica dimensión normativa. De allí la consideración del derecho a la información, junto al tradicional reconocimiento de la libertad de expresión, como un derecho fundamental más de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, dando así a los códigos éticos un nuevo fundamento.

Así, después de terminado el conflicto bélico y en un proceso que iría creciendo en las décadas siguientes, las diferentes organizaciones de periodistas o de prensa del mundo van aprobando sus propios códigos de ética periodística. A mediados de los años ochenta, la mayoría de países y de organizaciones internacionales del periodismo contaban ya con códigos.

Pese a ello, no todo estaba logrado: la divulgación de tales códigos seguía estando bastante circunscrita a las élites de dichas organizaciones. La mayoría de quienes trabajaban en los medios podía haber oído algo sobre esos códigos, pero apenas tenía algo más que una vaga idea de su existencia. Por su parte, el público seguía desconociéndolos totalmente.

Si la vigencia de la ética periodística se midiese por la aprobación de códigos, el asunto debería haberse considerado zanjado a mediados de los años ochenta ya que para entonces la mayoría de países contaba con alguno. Sin embargo, en la última década del siglo XX se produce la reapertura del debate sobre los códigos éticos de la comunicación. Aunque no exclusivamente, el epicentro de este debate se sitúa esta vez en Europa y alcanza una repercusión pública inimaginable antes. En la última década del siglo XX, la ética de la comunicación -lamentablemente, en muchos casos justo por su ausencia- va a dejar de ser un asunto minoritario o reservado a especialistas para convertirse ella misma en noticia y asunto de interés común. Prueba de esta reactualización es que prácticamente todos los países europeos revisan sus antiguos códigos o aprueban otros nuevos en estos años.4


Claves de la etapa actual

Son muchas las razones que pueden explicar la reapertura del debate ético en la última década y no es fácil hacerles justicia a todas ellas. Aun así se pueden sugerir algunas claves para entender mejor el momento actual.

1) Históricas

Se trata en este caso del motivo puntual más claro: la Caída del Muro de Berlín y todo lo que ello significó: no sólo la abolición de la censura y la recuperación de la libertad de expresión en los Países del Este, sino en algunos casos incluso la aparición o el reconocimiento de Estados que antes no existían. Como resultado, a lo largo de la década de los noventa, la mayoría de estos países revisa sus antiguos códigos o crea otros nuevos, ajustándolos a la nueva atmósfera de libertad. En algún otro caso, como el de España, que había realizado su particular transición democrática dos décadas antes, seguía sin contar con un código de ética periodística propio y es también ahora cuando lo va a aprobar.

Lamentablemente no todos los acontecimientos que siguen a la Caída del Muro han sido positivos. En algunos casos también han reaparecido problemas y conflictos que llevaban décadas latentes, como los nacionalismos excluyentes, los conflictos étnicos, la xenofobia o la corrupción. Ante estos retos, los periodistas deben responder con un compromiso renovado en pro de ciertos valores y fines éticos de su labor informativa. Y ello obliga a replantearse algunos supuestos de la ética periodística tradicional -como el de la neutralidad-, dando paso a un mayor compromiso con determinados valores democráticos como la paz o el respeto de los derechos humanos.

Este mismo compromiso hace que los periodistas resulten una presencia incómoda en ciertas zonas y que en ocasiones acaben ellos mismos convertidos en objetivo terrorista o bélico. Así, a lo largo de los años noventa, la cifra de periodistas amenazados, desaparecidos y asesinados en Europa aumenta notablemente. Algunos de los documentos éticos recopilados reflejan tanto el debate sobre esta toma de postura ética de los periodistas como la preocupación creciente por el incremento de los riesgos asociados a su actividad.

2) Económicas

La liberalización del mercado audiovisual desde mediados de los ochenta, la entrada en esa década de importantes capitales inversores en el ámbito de la comunicación social, la formación y la toma de posiciones de grandes grupos multimedia, las oportunidades de mercado asociadas a las nuevas tecnologías, etcétera, todo ello lleva a un incremento muy fuerte de las presiones competitivas en los medios y a una búsqueda del beneficio a corto plazo que hace saltar algunas de las barreras éticas que tradicionalmente habían sido más o menos respetadas. Programas y contenidos de nulo gusto y escaso respeto por la ética inundan progresivamente las televisiones de toda Europa hasta llevar a la generalización internacional del término telebasura. En la guerra por la audiencia, las demarcaciones entre contenidos y géneros se saltan sin reparo, como lo prueba la aparición de términos nuevos como infoespectáculo, realityshow, publireportaje, product placement, etcétera, y con el consiguiente daño para los criterios éticos respectivos.

La intimidad de las personas célebres o la de cualquiera que simplemente quiera comerciar con ella se convierte en objeto de atención preferente y en un filón económico con el que se regatea sin demasiadas contemplaciones. Y así podríamos seguir con más ejemplos de cómo los límites y criterios éticos de los medios -especialmente de la televisión- han saltado por los aires en la última década y media, al calor primero de las privatizaciones y más tarde de un neoliberalismo de mercado sin freno; pero como el fenómeno es sobradamente conocido de todos no hace falta insistir más en él.

3) Tecnológicas

A lo anterior se ha unido también el impacto de los avances tecnológicos, no sólo debido a la introducción de nuevas tecnologías a gran escala -como Internet-, sino también por la generalización de otros avances menores que tienen un impacto significativo en la actividad de los medios, como las cámaras de vídeo, los bancos de datos, los nuevos instrumentos de escucha y grabación o las nuevas técnicas de manipulación de imágenes y sonidos. Todo ello obliga a reconsiderar algunas cuestiones tradicionales de la ética periodística -como la veracidad, el respeto a la intimidad, los límites del periodismo de investigación, etcétera.

Los deberes del periodismo no cambian, pero sí lo hacen las circunstancias en que se aplican y eso obliga a plantear nuevos debates éticos y esclarecer los criterios para el empleo correcto de estas nuevas tecnología.

4) Sociales

Los procesos de cambio económico, sociocultural o político producidos en nuestras sociedades a lo largo de las últimas décadas han llevado también a la emergencia de cuestiones que habían merecido escasa atención, no ya desde el punto de vista de la ética periodística sino incluso de los medios en general. Hay quien se ha referido a estos asuntos como los nuevos problemas sociales. Pero la denominación puede resultar equívoca ya que muchos de ellos no son en absoluto nuevos. Posiblemente incluso representen los problemas sociales más permanentes, sólo que la dinámica política del último medio siglo -sobre todo lo referido a la Guerra Fría y el conflicto ideológico sobre el que pivotaba- los había dejado un tanto fuera de escena. Y ahora han reaparecido con fuerza.

La necesidad de informar sobre estas cuestiones (a menudo, esto mismo supone una novedad ya que muchos de estos temas no solían constituir materia informativa) y de hacerlo además teniendo presentes las nuevas sensibilidades del público ha obligado a plantearse cuestiones de ética periodística que no aparecían en los códigos tradicionales y a las que ahora hay que dar respuesta. Además, la posición cada día más central de los medios hace que se considere también su responsabilidad o su influencia en torno a todas esas cuestiones, lo que contribuye igualmente a abrir el debate ético.

De todo esto hay sobrados ejemplos en los documentos recopilados. Algunos son ciertamente asuntos muy graves que deben preocuparnos a todos -como el problema de la violencia doméstica-. Otros constituyen retos que hay que abordar colectivamente para prevenir sus riesgos y potenciar sus beneficios -como la inmigración-; y no faltan los que, lejos de ser problemas, reflejan una nueva sensibilidad social que no cabe sino celebrar -como cuando se plantea la imagen mediática de los países menos desarrollados o de los discapacitados.

Todos estos asuntos son sociales. Muchas de esas nuevas cuestiones desbordan las instituciones políticas tradicionales -como los partidos, los Parlamentos o la misma Administración- y hacen que más personas, organizaciones no gubernamentales y otros colectivos se sientan implicados en su resolución. Si los medios se han convertido en las plazas públicas virtuales de nuestra sociedad y a ellos se trasladan estas cuestiones, entonces también la ética periodística relacionada con ellas pasa a ocupar un lugar destacado.

Un interés de todos

Todo ello nos lleva a destacar el rasgo que seguramente va a caracterizar más esta nueva etapa histórica de los códigos: la ética de la comunicación social deja de ser una preocupación minoritaria o poco conocida, incluso deja de ser una preocupación exclusiva de las organizaciones periodísticas, para convertirse en un nuevo asunto social. No hay nada de extraño en eso: al hilo del creciente protagonismo de los medios, aumenta la preocupación colectiva por su ética.

La exigencia de ética en los medios se convierte por tanto en un asunto que preocupa a una parte creciente del público. Todo ello indica una cierta reacción frente al papel de receptores pasivos que nos atribuía hasta ahora la comunicación social.5 Desde luego que este fenómeno no es todavía mayoritario ni tampoco va a conseguir cambiar en un día el perfil habitual de los medios. Pero representa un cambio claro: el que supone reclamar que la calidad de los medios sea como mínimo la que exijimos normalmente a cualquier otro producto del mercado, más aún teniendo en cuenta su singular poder de influencia. Se puede hablar así de una cierta rebelión de los públicos en la que los destinatarios de la comunicación social recuperan su protagonismo perdido y asumen también la parte de responsabilidad que les corresponde a la hora de hacer mejores a los medios.

De este modo, la ética de la información y la comunicación que inició el siglo XX con pasos tímidos y aislados, con el desconocimiento y la despreocupación de la sociedad, comienza el siglo XXI convertida en un asunto central más de nuestras sociedades, en un interés común de todos y muy particularmente de muchas organizaciones y colectivos que tienen este tema entre sus prioridades.

De ser iniciativas aisladas y poco conocidas, los códigos éticos de los medios pasan a ser algo relevante, conocidos, primero, por todo profesional de los medios que se precie, pero también cada día más por muchos ciudadanos informados.

NOTAS

1) Aznar, 1999; Barroso, 1984; Villanueva 1996 y 1999.

2) Aznar Hugo: Ética de la comunicación y nuevos retos sociales. Códigos y recomendaciones para los medios, Paidós, Barcelona, 2005. La recopilación va precedida de una presentación conjunta que, entre otras, aborda la cuestión de por qué se ha producido esta reapertura del debate acerca de los códigos éticos del periodismo. El presente texto es un adelanto, con alguna variación menor, de la respuesta que se da en el libro a tal interrogante.

3) Barroso, 1991; Aznar, 2005.

4) Villanueva, 1996.

5) Aznar, 2005.



Bibliografía

Alsius, S. Codis étics del periodisme televisiu, Pórtic, Barcelona, 1999.

Aznar, Hugo, Ética y periodismo. Códigos, estatutos y otros documentos de autorregulación, Paidós, Barcelona, 1999.
---Comunicación responsable. Barcelona, Ariel, 2ª ed.

---Ética de la comunicación y nuevos retos sociales, Códigos y recomendaciones para los medios, Paidós, Barcelona, 2005.

---y E. Villanueva (eds.), Deontología y autorregulación informativa. Ensayos desde una perspectiva comparada, México, Fundación Manuel Buendía y Universidad Iberoamericana, 2000.

Barroso, P., Códigos deontológicos de los medios de comunicación, Ediciones Paulinas, Madrid, 1984.

---1991 "Códigos deontológicos de la comunicación". En Benito, A. (dir.): Diccionario de Ciencias y Técnicas de la Comunicación, Ediciones Paulinas, Madrid, 1991, pp. 194-218.

Laitila, T., "Journalistic Codes of Ethics in Europe", Euorpean Journal of Communication, vol. X, núm. 4, 1995, pp. 527-544.

Villanueva, E., Códigos europeos de ética periodística, Fundación Manuel Buendía y Centre d'Investigació de la Comunicació, México, 1996.

---Deontología informativa. Códigos deontológicos de la prensa escrita del mundo, Universidad Iberoamericana y Pontificia Universidad Javeriana, México y Santa Fe de Bogotá, 1995.

24/8/09

LA IMPORTANCIA DE LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS PARA MEJORAR LA COMUNICACIÓN INTERCULTURAL

AUTORA: Deborah Lopez

El hombre es un ser social por excelencia, históricamente ha tenido la necesidad de agruparse con sus similares por la sobrevivencia humana; por lógica consecuente este hecho crea constantes malentendidos, discusiones y fuertes fricciones de interacción, que a la larga se convirtieron en disputas por el poder en el grupo; posteriormente, en las diferentes épocas, se han generado controversias entre grupos, etnias, culturas, nacionalidades, clases sociales y otros; todos estos conflictos, a su turno, buscaron y encontraron alguna solución.

Sin embargo, en la actualidad han surgido nuevas formas de relación, esta vez entre las diversas culturas que hoy empiezan a ser directas protagonistas de la historia, por ello, el devenir de las sociedades modernas, requiere nuevos abordajes de reflexión; para tal efecto, será conveniente plantear si, ¿es necesaria la resolución de conflictos para una buena comunicación intercultural?; de ahí por qué el objetivo del presente ensayo será reflexionar en torno a la importancia deq la resolución de los conflictos en la actual sociedad globalizada.

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17/8/09

LECTURAS DESARROLLO Y ETICA

EVOLUCION DEL CONCEPTO DE DESARROLLO

CONTENIDO

INTRODUCCION

I. LA CORRIENTE PRINCIPAL DESARROLLISTA

II. CONCEPTOS QUE CORRESPONDEN A LOS AÑOS 50 Y 60

A. Los Orígenes

B. Estrategias para el Crecimiento Económico

C. Teorías de Desarrollo

Temas de Reflexión

III. MODERNIZACION DE LA AGRICULTURA TRADICIONAL

A. Argumentos de Theodore Schultz

B. Opiniones de Un Experto de la Fundación Rockefeller

C. El Proyecto Puebla

Temas de Reflexión

IV. LA SITUACION EN LOS AÑOS 70

A. Características del Desarrollo en el Período 1950-1975

B. Redistribución con Crecimiento

C. Enfoque de Necesidades Básicas

Temas de Reflexión

V. CONCEPTOS EXPLICITOS E IMPLICITOS EN EL PARADIGMA MISMO DEL DESARROLLO

A. La Actividad Económica

B. El Conocimiento

Temas de Reflexión

VI. CRITICAS A LA CORRIENTE PRINCIPAL DEL DESARROLLO

A. Críticas Relativas a Planeación y Ejecución

B. Críticas Relativas a la Rápida Disminución de los Recursos Naturales

C. Críticas que Relacionan la Pobreza con las Injusticias del Sistema Mundial

D. Críticas Basadas en el Concepto de Tecnología Apropiada

VII. EVOLUCION DE ACCIONES PARALELAS DURANTE ESAS CUATRO DECADAS

BIBLIOGRAFIA

INTRODUCCION

En este documento presentamos la evolución de los conceptos de desarrollo a nivel mundial. En el primer capítulo nos referimos en forma general a la corriente principal desarrollista que ha influido, desde mediados del presente siglo, en las políticas y programas de desarrollo de nuestros países. Los conceptos e ideas correspondientes a las décadas del 50 y el 60 son tratados en el segundo capítulo; el concepto central es la modernización, entendido en términos de un proceso acelerado de industrialización. El tercer capítulo se ocupa de las distintas actividades emprendidas para resolver las restricciones al crecimiento económico en el sector agrícola y en las zonas rurales de los países en vía de desarrollo. En el cuarto capítulo se describen los nuevos enfoques resultantes del replanteamiento general de la problemática del desarrollo durante los años 70.

En el quinto capítulo se presenta el conjunto de conceptos y valores que sustentan la ideología del desarrollo. A continuación, en el sexto capítulo se recogen las críticas fundamentales al paradigma de desarrollo descrito. En primer lugar se exponen críticas referidas a la planeación en el desarrollo. Después se plantean los argumentos críticos que desde la ecología se han hecho al desarrollo. Siguen las críticas desde el punto de vista del orden económico internacional y de las relaciones norte-sur. Finalmente se presente una crítica al concepto implícito en las definiciones de tecnología y una reflexión en torno a las implicaciones técnicas, socio-económicas y políticas de una tecnología apropiada.

Al describir las diferentes tendencias, en general no hacemos juicios sobre la validez de cualquiera de los conceptos planteados y presentamos los puntos de vista más o menos en las palabras de sus proponentes. Además consideramos conveniente incluir algunos temas de reflexión al finalizar cada capítulo.

En el último capítulo proponemos el estudio de acciones emprendidas durante esta misma época por individuos y organizaciones que se dedicaron para trabajos de base y gradualmente desarrollaron conceptos, contenidos y metodologías de gran significado para el futuro de la mayoría de los países del Tercer Mundo.

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